. acuíferos . . agua 1 . 2 . 3 . . Aliviador . . Reconquista 1 . 2 . 3 . 4 . . BID . 1 . 2 . . cloaca 1 . 2 . . Colony Park 1 . 2 . . convenglish . . flujo termodinámico 1 . 2 . 3 . . termodinamica 1 . 2 . 3 . . plataforma 1 . 2 . . hidrolinea 1 . 2 . 3 . 4 . . humedales . . humedal Escobar 1 . 2 . 3 . . AySA . . pendientes 1 . 2 . . observaciones . . planicie . . Salida Luján 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . . Vinculacion . . sedimentología . . puelches 1 . 2 . . riovivo . . riomuerto . . manadelcielo . . IAB . . contralor . . art 59 . . EIDICO 1 . 2 . . blanqueo . . preguntas 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . . dominialidad . . tapones . . terraplen . . embalses . . sustentable. 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . . prospectivas 1 . 4 . . quantum . . index .

Sedimentología e interpretación estratigráfica

que algún día cabrá reconsiderar por nuevas conceptualizaciones sobre deriva litoral.

Agradezco a mi Musa Alflora, madrecilla de lejanas vertientes y cercanas aguas.

.

Habiendo alcanzado nuevas consideraciones de carácter termodinámico a los flujos que sostienen desde siempre las derivas litorales, advertimos por ello, que caben otras miradas a los soportes de antiguos y acreditados procesos sedimentológicos; tanto a los post pampeanos cordones litorales, albúferas y canales de marea; como a la planicie lössica cercana a las barrancas de épocas anteriores, erigida sobre una secuencia basal arenosa (Pampeano arenoso) y una secuencia cuspidal limoarcilosa (Pampiano limoarcilloso) que conforman el ámbito del Puelche.

Basamentos estos, también conformados por transferencias de masa sedimentaria de tributarios con salidas por cordones litorales, precipitándola en prolijos bordes cuspidados al rozar la capa límite térmica de las advecciones mareales.

La famosa ola oblicua a la que le acreditaron ser sostén de la deriva litoral, de los canales de marea y albúferas, ya no cabe, al menos para mí, ser tomada en cuenta, por más que haya conformado catecismo de siglos para los físicos en dinámica costera. Ver http://www.alestuariodelplata.com.ar/epiola2.html

"Si estás dispuesto a decir la verdad de frente, deja la elegancia para el sastre" Albert Einstein

La imagen que sigue intenta acreditar las acreencias que el litoral bonaerense ha recibido merced a sucesivos desarrollos de los cordones litorales dando salida a las cuencas de Mar Chiquita, del Salado y del frente deltario del Paraná, durante miles de años

Las acreencias a la altura del Cabo San Antonio son del orden de los 120 Km.

Acreditaciones todas debidas a sucesivos cordones litorales haciendo la misma prolija tarea de tallar los bordes cuspidados de los cordones litorales por donde salían los tributarios de la pampa deprimida desde Mar Chiquita hasta el Norte de Sanborombón.

Acreditan estas acreencias como lössicas y poco he oído de fluvio lössicas.

La imagen que sigue del estuario del Caravelas al Norte de Brasil nos muestra este mismo prolijo trabajo con captura satelital. ¿A quién se le ocurre decir que ésto es fruto del viento o de un ola oblicua, sin antes estimar los más ricos procesos de convección interna que dan soporte a los que denomino "corredores termodinámicos" de salida de tributarios estuariales, para así comenzar a apropiar conceptualización?

Ver http://www.alestuariodelplata.com.ar/epiola2.html

estuario del Caravelas y sus numerosos cordones litorales .

Salida actual de tributarios por cordones maltratados por el hombre.

 

Este dibujo del geólogo austríaco Peter Faupl nos muestra, ya en esta etapa del mioceno (12 millones de años), una fosa de varios miles de kilómetros, con ingreso por el cratón Río de la Plata

.. . . . . . . . . . ..mesozoico segun Faupl .. . . . . . . . . . . . . .

En el Plioceno (entre 5 y 1,6 millones de años atrás), las aguas marinas penetraban profundamente en la cuenca del Paraná.

Y aun en el reciente holoceno conformaban una formidable ría con energías hidrodinámicas incomparables. Que tanto ascendían las fuertes energías de las mareas, como veían descender por sus anchas, prolongadas y suaves pendientes, enormes descargas de flujos y sedimentos.

A esta enorme ría oceánica tributaba un mucho mayor corredor de flujos de dirección NNE-SSO, que aun sólo considerando los eventos desde el Mioceno para aquí (más de diez millones de años), se ocupó de acercarle interminables sedimentaciones con avances que debían superar los 100 mts. de frente deltario anuales. Sedimentos que aun hoy alcanzan anualmente al estuario, unos 180 millones de m3 de cargas sedimentarias, generando avances deltarios del orden de los 65 mts anuales.

La confusión o tibieza con que son descriptos las sedimentaciones de estos cordones y las peores descripciones de sus utilidades como corredores termodinámicos para sacar las aguas tributarias al cuerpo de agua mayor, responden a ciegas creencias en un catecismo que nunca fue puesto bajo observación.

La palabra "löss" significa en alemán "suelto" y la aplicamos para los sedimentos que acerca el viento. Sin embargo, aquí en la nota que sigue a la geología de la cuenca del Paraná, el Prof. Verandi nos habla de un "löss fluvial". Ya no viene por aire, sino por agua continental.

¿Cuánto demoraremos en aterrizar en esta advertencia; y el día que lo veamos, cuántas páginas de geología se escribirán de nuevo?

Francisco Javier de Amorrortu

 

Cuenca del Paraná

El eón Fanerozoico en Paraguay se halla representado por dos grandes cuencas: Cuenca del Chaco y Cuenca del Paraná. En ellas, las secuencias sedimentarias de edades Ordovícico/silúrico (430 Ma) constituyen la base deposicional, en la zona marginal de la Placa Paleo-Pacífica, antes de la subducción con el continente del Gondwana.

La Cuenca del Paraná abarca un vasto área del continente Sudamericano, de aproximadamente 1.500.000 km2, que acupa partes del sur de Brasil, noreste de Argentina, este de Paraguay y norte de Uruguay. Con su eje mayor orientado en dirección NNE-SSW y su depocentro estructural situado a lo largo del Río Paraná, con un registro de rocas sedimentarias y volcánicas, cuyo espesor total sobrepasa los 7.000 metros.

En Paraguay Oriental son reconocidas seis secuencias sedimentarias de amplia escala o supersecuencias, separadas entre sí por superficies discordantes de caracter regional (Milani, 1997).

La primera supersecuencia de edad Ordovícico/silúrico se halla en contacto discordante sobre el basamento cristalino, observada al este de Asunción, en el Valle del Acahay y bordeando el noreste del Bloque Río Tebicuary. Esta constituye un conjunto de rocas sedimentarias depositadas en un ambiente continental morfológicamente abrupto, en contacto lateral a un mar transgresivo, que llega al máximo de inundación en el Silúrico Inferior.

Ver ese accidente del Acahay que todos estiman una de las más grandes bocas de volcán del planeta de unos 65 Ma. y 3,7 Km de diámetro. Me toca sospechar fuera el producto final de un meteorito fenomenal. Ver breve texto "asteroides e impacto" e imagen que sigue:

En su ambiente costero deposita conglomerados, intercalados con areniscas conglomerádicas, que pasan gradualmente a areniscas, formando un conjunto de rocas clásticas gruesas denominada Grupo Caacupé. Concordante, la secuencias sigue con rocas clásticas del Grupo Itacurubi, principalmente constituidas por areniscas finas, lutitas y arcillitas, altamente fosilíferas, constituyendo los soportes geocronológicos de la secuencia, con edad llandoveriana del Silúrico Inferior.

Rocas de edad devónica se disponen en discordancia sobre la anterior, en depósitos continentales y marinos. Las rocas de origen marino no fueron observadas directamente en el campo, siendo identificadas solamente en los pozos exploratorios Asunción 1 y 2 (Pecten, 1982), en los cuales se describieron alrededor de 450 metros de estos sedimentos.

Las de origen continental reposan en discordancia erosiva sobre las unidades fosilíferas silúricas. Estas han sido identificadas primeramente en pozos y denominados Formación Santa Elena (González et al., 1994), posteriores trabajos de mapeamiento geológico definieron areniscas gruesas como pertenecientes a esta unidad, denominándolas Formación Arroyos y Esteros (Dionisi, 1999).

La deposición de la secuencia devónica es interrumpida por tectonismo de reajuste continental (Orogenia Eohercínica). Este evento es responsable de la reestructuración de la cuenca en el Carbonífero Inferior, reanudándose la sedimentación a partir del Carbonífero Superior (Stephaniano), como la tercera supersecuencia carbonífero/pérmica.

Esta, ambientalmente influenciada por condiciones climáticas muy variadas, se inicia bajo dominio glaciar y periglaciar, depositando las formaciones Aquidabán y Coronel Oviedo, como una sucesión de sedimentos clásticos continentales y marino raso.

El Pérmico propiamente dicho deposita en concordancia regional sedimentitas de ambiente continental eólico y fluvial, costero y marino raso, que litológicamente se caracteriza por areniscas, siltitas, arcillitas y calizas, que se aglutinan en el Grupo Independencia.

La continentalización de la Cuenca del Paraná a partir del Pérmico Superior, en el Triásico deposita areniscas continentales fluviales y eólicas, denominada Formación Misiones. Este conjunto se distribuye en una franja de dirección norte sur, depositada en discordancia sobre rocas carbonífero/pérmicas.

Las areniscas eólicas de la Formación Misiones característicamente arenisca cuarzosas, homogéneas, con poco material arcilloso como matriz, poco cementados, friables, sacaroidal y localmente silicificados.

Sobreyacente e intercalada con las areniscas eólicas ocurren intrusiones y extrusiones de rocas basálticas de la Suite Magmática Alto Paraná. Las mismas se presentan como derrames de lava, sills y diques en sedimentos de las unidades preexistentes, en direcciones preferenciales noroeste-sureste.

Petrográficamente las rocas basálticas muestran una textura subofítica, cristalización conjunta de piroxeno y plagioclasa, de edad comprendida entre 127 a 108 Ma. El contacto superior discordante de la suite se depositan areniscas de la Formación Acahay y/o sedimentos cuaternarios.

 

Del Profesor Mario Verandi tomamos nota de estos aprecios que siguen:

El concepto estratigráfico y litológico de Pampiano ha sido, prácticamente desde su creación, motivo de encontradas posiciones intelectuales, no habiéndose hasta la fecha coincidido sino en muy escasas precisiones.

Una de esas precisiones ha sido la pervivencia de los nombres conque se designan a los pisos del Pampiano medio (Ensenadense y Bonaerense), cuya inclusión en la nomenclatura data desde Ameghino (1906). Otra ha sido la paulatina decadencia de la noción de loess pampiano; los trabajos de Teruggi y González Bonorino, entre muchos otros, corroboran la creciente convicción de que, entre los depósitos pampianos y los loess verdaderos, sólo existe una similitud de origen y una granometría aproximadamente semejante, pero nada más.

El loess clásico tiene una riqueza porcentual elevada de cuarzo y de carbonato de calcio, mientras que los depósitos pampianos exhiben menor proporción calcárea pero, en cambio, una importante proporción de arcilla, resultado ésta de severas alteraciones en los minerales de origen volcánico que componen su material original. Y está, además, el hecho objetivo de su grado de compactación, enteramente distinto del correspondiente al loess clásico, y que entraña la participación preponderante del carbonato de calcio.

Si tuviéramos que constreñir el concepto de Pampiano a una breve definición objetiva, diríamos que, en sí mismo, es un enorme depósito sedimentario en un tiempo muy dilatado. Esa acumulación fluvio-loéssica ( despojándola de cualquier connotación referida al loess verdadero no ha dejado formas topológicas, como lo han hecho sin embargo otras secuencias sedimentarias cronológicamente más cercanas, lo que alimenta la presunción de que el Pampiano ( Tricart, 1973) es mucho más antiguo de lo que se aseguraba hasta la fecha; esto es, que habría sido depositado durante el Cuartario más inicial y que todo lo que vino después, a partir del interglaciar de Mindel-Riss (Querandinense), debe entenderse como Holoceno.

Indudablemente, la casi inexistencia de apoyaturas concretas para sistematizar al Pampiano (superficies de erosión, discordancias, fósiles específicos) y, consiguientemente, para darle una ubicación en el tiempo geológico, ha sido desde el principio la fuente mayor de discusiones.

Conspira para esa datación la gran uniformidad de las facies, de asombrosa constancia litológica, volviendo prácticamente imposible -o, cuando menos,  dificultoso- todo intento de delimitación vertical.

De ahí que incluso apareciera como justificada la decisión objetiva de entender al Pampiano como una formación, esto es, como una unidad de roca (elaborada en base a criterios mineralógicos y petrográficos) que se habría iniciado en el Plioceno y de la cual sucesivas investigaciones van desgajando aquellos trozos fehacientemente datados.

 

El cuerpo visible de la barranca es, de modo general, y desde el punto de vista litológico, una limolita muy compactada.

Es inadmisible que semejante estado de agregación se haya producido sin la participación de estratos suprayacentes de espesor considerable que ejercieran consabidas fuerzas presivas hacia abajo.

Esta circunstancia induce a pensar que el material de las barrancas se ha cohesionado entonces a través de un tiempo muy grande y a favor de condiciones geomórficas que merecen alguna consideración.

Una de ellas sería la existencia de carbonato de calcio, total o parcialmente cristalizado, dentro de la masa terrosa, el cual por disoluciones y recristalizaciones sucesivas terminó por otorgarle a aquella una coherencia significativa, que la guardó incluso de la deflación eólica durante los períodos secos.

El carbonato de calcio ha penetrado evidentemente por percolación de la masa, a favor de la porosidad del material madre, o por inundación del suelo en los períodos húmedos, llenando las grietas preexistentes y  las improntas radiculares.

La evaporación en períodos secos produjo como resultado la precipitación del carbonato; humedecimientos y desecaciones alternantes recristalizaron obviamente las concreciones originales, endureciendo de modo progresivo a las mismas, anastomosándolas en algunos casos y, consecuentemente, fijando al material que las alojaba.

La pedogénesis de las concreciones no es la única vía posible de su producción, ya que otras pudieron formarse tal vez por evaporación de los techos freáticos periódicos dentro de las masas limoarenosas o arenoarcillosas, constituyendo así capas continuas que se acrecen con las inundaciones sucesivas hasta ganar una extensión zonal considerable cuando el carbonato de calcio reemplaza total o casi totalmente al material limoso.

Los rastros radiculares, y aún las raíces mismas en distintos grados de conservación, son observables no sólo en las muestras extraídas por los trépanos, sino también por simple excavación vertical en la barranca; verosímilmente corresponden a una vegetación de escaso desarrollo en altura, herbácea, graminosa, que fue arrasada y mezclada con los depósitos terrosos o bien se implantó en ellos en el momento de su consolidación.

Fueron hallados asimismo, en deficiente estado de conservación, otras partes vegetales, como tallos y hojas, de inequívoca filiación graminosa, ya que aquellos son huecos y éstas envainadoras. La preponderancia porcentual de restos asimilables a esta familia taxonómica, induce a sospechar que la vegetación natural de la pampa estaba ya definida desde por lo menos el pleistoceno medio.

La búsqueda de paleosuelos dentro de las masas terrosas visibles fue infructuosa, aunque ello no invalida la aserción de su existencia, que otros autores han referido para cortes de terrenos alejados de la costa;

de haberse hallado algún horizonte B textural dentro de la secuencia sedimentaria, sólo indicaría un cambio climático dentro de la misma y, de ninguna manera, límites entre períodos o separaciones entre miembros.

Al parecer, estos horizontes o paleosuelos son más frecuentes dentro de los espesores del Bonaerense, en gran medida ausente en la masa visible de los acantilados nicoleños.

Resumiendo: en San Nicolás de los Arroyos, pese a los intentos de hallar planos nítidos de sedimentación dentro del complejo terroso, ello no fue posible. Las masas correspondientes no manifiestan separación y exhiben sólo por algunos trechos laminaciones insignificantes.

Los ligeros cambios texturales y colorísticos que se mencionan no bastan para determinar límites precisos o hiatos secuenciales entre miembros con alguna fehaciencia.

Lo más que puede hacerse es hablar litológicamente de limos levemente calcáreos ( loessoides o limoarcillosos) en la parte superior de la serie, y de limos conglomerádicos heterogéneos en la inferior, depósitos que estarían en abierta correspondencia con oscilaciones climáticas, con diversos grados subsidentes de la cuenca de Rosario, o con alternancias glacieustáticas ( Tricárt,1973);

pero de cualquier modo, horizontalizados a lo largo de un tiempo muy prolongado, de difícil datación cronológica precisamente por la carencia de superficies separadoras discordantes o de fósiles de biocrón definido.

Si bien es cierto que la observación directa de los niveles más bajos del barranco está obstaculizada en gran medida por la depositación del relave pospampeano, ella puede hacerse en épocas de drásticas bajantes(1977, 1986) allí donde la corriente del Paraná ha impedido el relleno pospampiano;

tal es el caso de la sección aledaña a los viejos embarcaderos de ultramar, ya desmontados, donde la observación corroboró que la constitución litológica es invariada y que la fracción arena, en todo el desarrollo vertical del acantilado, aparece como insignificante. Razón de más para concluír que cabe designar a toda la masa del barranco, incluída la fracción concrecionada, como limosa en el sentido más lato del término.

 

IV
Los depósitos mantiformes de tosca nodular, muy compactada, interpuestos entre la fase limosa y la arcillosa correspondiente, se extienden con ligeras alteraciones lenticulares a lo largo del desarrollo frontal del acantilado entre los +5m y los  -4m, respecto del cero hidráulico local, coincidiendo en grandes sectores con el nivel piezométrico, que en 1979 era de  -1,20m.

Las muestras correspondientes a perforaciones debajo del cero hidráulico (comunicadas extensamente por el geólogo Luis Oscar Pasciullo de modo personal), evidencian la transición desde el limo a la arena por especies tales como arenas arcillosas y arcillas arenosas de variada granometría que, aproximadamente entre los -15m y los -20m, comienzan a definir el techo del confinado semisurgente.

Las arenas del Puelchense que soportan a la pila terrosa están constituídas por granos cuyos tamaños oscilan entre los gruesos y medianos de la base, siempre micácea, y los finos a muy finos del techo;

en ocasiones, estas arenas de tipo francamente cuarzoso y de color amarillento a blancuzco, están interrumpidas en su sucesión por intercalaciones lenticulares de arcillas arenosas de hasta 6,15m de espesor, tal como puede apreciarse en el perfil correspondiente al Club de Regatas San Nicolás.

El examen de las arenas comporta la constatación de que sus unidades granulares no son redondeadas sino mas bien subangulares, opacadas por veladuras férricas; la forma y la semejanza en el tamaño de los granos, en cada nivel, sugiere una depositación de los mismos en el fondo  de aguas bajas y sin corrientes importantes.

Curiosa resulta la abundancia de calcedonia  subangulosa en cota -40 m. de la perforación ya mencionada y la existencia de una suave inflexión erosiva sobre el "Verde", que puede haber caucificado la escorrentía hacia el NE, coincidiendo con el hundimiento de la base puelchense en igual sentido, como lo deja suponer la perforación nº4 del EASNE, en Compañía Química S.A., intercalada sólo en su fracción  granométrica con los demás perfiles.

El espesor de arenas arcillosas y limonítica sobre la arena puelche (-27,90m.a -34,00m.), anotadas en el perfil correspondiente a la perforación en Proto Hnos. S.A., se asimilarían al Preensenadense sensu Frenguelli, que este estudioso del pampiano reformara en 1933, desestimándolo como unidad estratigráfica y anexándolo directamente al Ensenandense.

Por nuestra parte preferimos anexarlo al puelchense, teniendo en cuenta su composición mineralógica.

La marga arcillosa del mismo perfil no lo es en su sentido clásico; es más bien un limo con arcilla y escaso carbonato de calcio, depositada lenticularmente, en una cuenca de charco lagunar; podemos así subsumirla litológicamente a los niveles terrosos superiores.

No puede descartarse la posibilidad de que los niveles ubicados inmediatamente por debajo de la tosca nodular (marga arcillosas, arenas arcillosas, limos arcilloarenosos) sean en gran parte el resultado de un retrabajo sobre las arenas puelches.

O, si se prefiere, la tosca nodular cuyo carbonato cálcico fue aportado por las calizas paleozoicas peripampásica aparecería como el coronamiento de las secuencias iniciadas con un retrabajo sobre el material del puelchense.

Así, al menos, lo indicaría la preponderancia de la  fracción areno - cuarzosa, comúnmente micácea y de grano mucho  más fino que el de los espesores puelches, tanto como la presencia de arcilla verdosa en las manifestaciones lenticulares.

 
V
Si nos decidiéramos por una simplificación litológica del pampiano, podríamos subsumir  todas las variantes  arenosas a las llamadas arenas puelches, y todas las variantes limoarcillosas a los niveles terrosos, incluída la concreción calcarífera. 

Consecuentemente, una reducción del pampiano a sólo dos sucesiones litológicas daría como resultado una pila sedimentaria que se inicia como pampiano arenoso y culmina como pampiano limoarcilloso, el primero de edad puelchense lato sensu, el segundo de edad Ensenadense- Bonaerense.

El Pampiano arenoso no sería otra cosa que el acuífero confinado del Puelchense, y los depósitos superiores, porosos y diaclasados, conformarían el techo del acuífero recargable.

Las  grietas diaclásicas a que se hace referencia, de dirección normal a los planos sedimentarios, fragmentan a las masas terrosas en poliedros columnares, acelerando su denudación y poniéndolas, en muchos casos, en situación de inminente derrumbe.

Se comprobaron  asimismo algunos fenómenos cársticos sobre la caliza y la formación de cavernas de reducidas proporciones.

 

VI
La inexistencia de características claras y definidas, que posibiliten la identificación de pisos en el Pampiano, así como la constancia de las facies sedimentarias, impiden la posesión de conocimientos referidos a la geotectónica regional, especialmente aquellos que se vinculan a la más profunda.

Los espesores arenosos y limoarcillosos del Pampiano conforman, a pesar de su aspecto compacto y coherente, una cobertura blanda y dócil, que habría acolchonado cualquier manifestación superficial de la tectónica profunda.

Tanto es así que no se encuentran fallamientos visibles en los cuerpos barrancosos, ni los han revelado las  perforaciones hidrológicas, aunque una investigación más sistemática podría deparar tal vez alguna novedad en este aspecto, especialmente trabajando en los niveles de la tosca modular.

Si ha existido en épocas pretéritas una subsidencia del basamento de la cuenca de Rosario, ella no ha dejado huellas claras en los espesores pampianos por dos razones posibles: o porque la subsidencia es muy antigua, tal vez mesozoica, y los terrenos pampianos se depositaron sobre una base ya calmada, prácticamente estable, o porque la subsidencia ha sido de tal lentitud que los movimientos verticales no interrumpieron en su desarrollo a la sucesión sedimentaria del Pampiano, por lo menos en una medida considerable, de alcance regional.

Y hacemos esta salvedad atendiendo a la declarada existencia de paleosuelos no muy lejos de las barrancas (ruta 9); si la búsqueda de los mismos resultó infructuosa en los acantilados, su hallazgo en zonas próximas entraña la consecuencia de que la depositación estuvo en ocasiones interrumpida por breves lapsos temporales.

La estabilidad del basamento regional excluiría la posibilidad de existencia de una morfogénesis modeladora; la evolución de los terrenos mesopampianos ha sido (y es) muy lenta; las series sedimentarias de la barranca se han conservado prácticamente hasta la actualidad sin alteraciones destacables, al no existir basculamientos tectónicos que concurran al disecado de las formas. 

Éstas aparecen así como poco evolucionadas, lo que no supone juventud geológica; sucede, como se ha dicho, que la ausencia probable de energía morfogenética en el ámbito del Pampiano prácticamente se ha conservado sin alteración.

La apatía tectónica conllevaría, asimismo, a la formación de suelos de gran espesor, tal como lo son los de la región en su conjunto; no es desdeñable suponer que semejantes espesores se explican por haberse iniciado hace muchísimo tiempo. 

La potencia de los famosos suelos de la pampa podría ser, en definitiva, un apoyo indirecto a la presunción de una estabilidad del basamento desde época bastante remota, dada la complejísima trama de acciones y reacciones que determinan la transformación del subsuelo en los suelos cultivables actuales.

La existencia misma de los paleosuelos, por otra parte, a pesar de su interrupción en alguna fase de su desarrollo, serviría para exhibir una tendencia generalizadora en todo el ambiente del Pampiano. Si bien, por lo común, son de espesores exiguos (algunos centímetros), en muchos casos estos paleosuelos alcanzan a sobrepasar el metro, pero nunca llegan a tener desarrollo regional.

 
VII
De aceptarse extensivamente para el NE provincial la estratigrafía que Pascual et al. (1965) propusieron trabajando sobre terrenos del Sur y del SO, la totalidad de los espesores visibles del acantilado nicoleño coresponderían a edades mamífero Ensenadense y  Lujanense, de las subépocas Mesopleistoceno y Neopleistoceno inferior, respectivamente.


VIII
SUMARIO
El cuerpo visible de las barrancas nicoleñas corresponde a las series terrosas del Pampiano medio.
Las perforaciones hidrológicas muestran que las series terrosas reposan sobre pilas arenosas de variada granometría.
Consecuentemente, el Pampiano de las barrancas nicoleñas puede referirse como erigido, litológicamente, por una secuencia basal arenosa (Pampiano arenoso) y una secuencia cuspidal limoarcilosa (Pampiano limoarcilloso).

 

De Miguél Augé y María Inés Nagy

Postpampeano (Pleistoceno superior - Holoceno). Está formado por limos arcillosos y arenosos de tonalidad verde grisácea, oscura o azulada, de origen fluvial, marino y lacustre, correspondientes a los pisos Lujanense, Querandinense y Platense, que ocupan los valles fluviales y la Planicie Costera (Cappannini et al, 1966). Se han detectado espesores que oscilan entre pocos centímetros contra el escalón y 30 m en las cercanías de la ribera del Río de la Plata.

Estos sedimentos finos, de baja capacidad de transmisión, actúan como acuitardos y acuícludos y el agua contenida, por lo general, presenta tenores salinos entre 3 y 10 g/l, excepto en los cordones de conchilla donde disminuyen a menos de 2 g/l (Auge,1990).

Pampeano (Pleistoceno medio - superior). Se dispone por debajo del Postpampeano en la Planicie Costera y del suelo en la Llanura Alta.

Está compuesto por limos arenosos de aspecto loessoide y tonalidad castaña, de origen eólico y fluvial, con elevada proporción de minerales volcánicos (esquirlas de vidrio) y CaCO3 concrecional, pulverulento y estratiforme.

El espesor varía entre unos 50 m en la Llanura Alta (límite sur del área estudiada), hasta desaparecer por erosión en la costa del Río de la Plata.

En su sección superior contiene a la capa freática, mientras que la base es un estrato limo arcilloso de unos 5 m de potencia que se comporta como acuitardo y lo separa del Acuífero Puelche.

La salinidad del Pampeano es inferior a 1 g/l en la Llanura Alta, pero cuando está relacionado al Postpampeano se incrementa hasta 15 g/l.

Arenas Puelches (Plio-Pleistoceno). Es una secuencia de arenas cuarzosas, finas y medianas blanquecinas y amarillentas, con estratificación gradada, de origen fluvial y un espesor variable entre 15 y 30 m.

Constituyen el acuífero más importante por su calidad y productividad, siendo el más explotado de la zona y del país, pues de él se abastece el Conurbano de Buenos Aires.

Todos los pozos del servicio de agua potable de La Plata y alrededores, captan agua del Acuífero Puelche con una salinidad inferior a 1 g/l, pero en la Planicie Costera el contenido salino se incrementa hasta 20 g/l.

"Las unidades sedimentarias que subyacen a las Arenas Puelches (Formaciones Paraná y Olivos), carecen de mayor interés hidrogeológico pues contienen agua con salinidad de 7 a 60 g/l.

En La Plata, a 486 m de profundidad, se alcanzó el basamento cristalino Precámbrico, integrado por rocas gnéisicas similares a las que afloran en la Sierra de Tandil y en gran parte del territorio uruguayo" (Auge, 1990). En el Jardín Botánico de la ciudad de Buenos Aires aparece a los 215 mts.

Hacia la cuenca del Salado el basamento se profundiza debido a fracturas escalonadas de rumbo NO-SE, hasta más de 6 Km en el cabo San Antonio (Zambrano 1974).

Ver también este estudio sobre Regiones hidrogeológicas de Miguel Augé.

 

De Fernando Xavier Pereyra

Los depósitos fluviales, de granulometrías limo-arenosas, se encuentran comprendidas dentro de la denominada Formación Luján o lujanense, incluido en el postpampeano.

Ocupan los principales valles fluviales como en el caso de los ríos Matanzas-Riachuelo, Reconquista y Luján y se hallan cubiertos parcialmente por depósitos fluviales más modernos.

En algunos casos aparecen formando un nivel de terraza y aguas abajo se suelen interdigitar con las facies marinas ingresivas del querandinense.

Finalmente, correspondiendo a sendas ingresiones marinas se encuentran depósitos marinos y costeros, que pueden ser arenosas (cordones litorales) o arcillosos (canales de marea y albúfera).

Han recibido la denominación de belgranense, y corresponden a la ingresión pleistocena superior y querandinense, aflorante sobre toda la planicie del río de la Plata, que se asocia a la ingresión holocena media.

Las unidades estratigráficas aflorantes independientemente de su origen poseen propiedades mecánicas y geotécnicas que permiten agruparlos en cinco grandes conjuntos: 1) limos y arenas finas inorgánicos, 2) limos y arcillas inorgánicas con subordinadas facies orgánicas, 3) arcillas y limos orgánicos e inorgánicos, 4) rellenos finos y materiales orgánicos naturales y 5) rellenos heterogéneos.

Para la clasificación geotécnica de los materiales superficiales se ha utilizado el sistema unificado de clasificación textural de suelos. Es importante tener en cuenta que estas propiedades corresponden a los materiales sedimentarios prescindiendo de las peculiaridades edáficas de los suelos desarrollados en la parte superficial de los mismos.

Una característica de los sedimentos de la región es la gran variabilidad lateral que pueden presentar, (no la refiere a los cordones FJA) vinculados a cambios faciales en los ambientes sedimentarios, lo que se suma a la gran variabilidad vertical.

En la zona del área metropolitana bonaerense, como rasgo propio de los ambientes de planicies loéssicas, la ocurrencia de capas de diferentes grados de compactación es un factor central a tener cuenta.

Generalmente la variabilidad vertical se materializa por la presencia de horizontes edáficos enterrados correspondientes a paleosuelos usualmente antiguos Bt (horizontes argílicos) y niveles de tosca, que representan a horizontes petrocálcicos enterrados y calcretes poligenéticos.

Tanto unos como otros suelen limitar severamente la capacidad infiltración de los materiales.

Los limos y arenas finas inorgánicos son la unidad dominante e incluyen a los sedimentos loessicos pampeanos (Formaciones Ensenada y Buenos Aires) así como los sedimentos arenosos postpampeanos, incluidos en la Formación La Postrera.

Utilizando la clasificación del sistema unificado americano de suelos, los sedimentos pertenecen a los grupos ML, MH y SM. Aparecen por encima de cotas de 6 m s.n.m. y conforma las amplias divisorias.

Son los materiales aflorantes que poseen menores inconvenientes como materiales de cimentación y las mejores condiciones de drenaje y permeabilidad.

Los limos y arcillas inorgánicas con subordinadas facies orgánicas, pertenecen principalmente a los grupos ML, Cl y, en menor proporción al grupo OL. Incluyen a los sedimentos fluviales más nuevos.

Las arcillas y limos orgánicos e inorgánicos poseen importante representación areal, disponiéndose por debajo de los 6 m s.n.m., ocupando los valles fluviales principales y la planicie del río de la Plata.

Estos sedimentos presentan grandes inconvenientes para las cimentaciones, incluyendo proporciones variables de arcillas expansibles y decididamente malas condiciones de permeabilidad.

Estos materiales aparecen principalmente en la zona norte y la zona sur de la ciudad de Buenos Aires.

Mientras que la segunda posee una menor densidad de población, en la primera se localizan parte de los barrios de Belgrano, Núñez, Saavedra y Palermo de alta densidad poblacional, por lo que muchos problemas ambientales de estos sectores se deben, al menos parcialmente a las características geotécnicas del sustrato.

Finalmente los rellenos finos y materiales orgánicos naturales y rellenos heterogéneos poseen propiedades variables resultado de las mezclas de materiales utilizadas para realizarlos, que incluyen materiales de escombros de la construcción, sedimentos pampeanos excavados, materiales refulados de los dragados del río de la Plata y desechos domiciliarios e industriales.

Ver la rica Geología urbana del área metropolitana bonaerense de Fernando Xavier Pereyra.

 

El pequeño gráfico que sigue nos advierte de las estimaciones sedimentarias hace 20 años. En los links que siguen se intentan alcanzar novedades a estas sedimentaciones por entonces arenosas en el sector del Delta Central.

http://www.alestuariodelplata.com.ar/jornadayregistros.html

http://www.alestuariodelplata.com.ar/comprobaciones.html

Francisco Javier de Amorrortu

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Breve cuadro sobre cambios en el Cuaternario

Fases frías (glaciales), períodos en que sobrevienen fuertes glaciaciones y fases templadas (interglaciares) en las que disminuyen las masas de hielo.

En las fases templadas había en general condiciones climáticas y fitogeográficas similares a las actuales y en ciertas épocas, hasta más cálidas.

En Sur América, especialmente en la Patagonia, se constatan cuatro épocas frías de manera análoga a las investigaciones efectuadas en el hemisferio norte.
Glaciación patagónica         Glaciación Alpina           alrededor de
       Villamanca                          Günz              + de 900.000 años
         Colorado                           Mindel                    500.000 años
         Diamante                            Riss                        280.000 años
           Atuel                               Wurm                       65.000 años

                   
Sobre todo en Sudamérica se encuentran todavía huellas de glaciaciones de tiempos remotos. Hacia la era del continente Gondwana —en los períodos del precámbrico y permocarbonífero— grandes masas de hielo cubren ese territorio conformado por África, América del Sur y Australia cuyos sedimentos aún perduran.

En las regiones no glaciares predomina en aquel tiempo un clima de tundra en las latitudes medias caracterizadas por suelos permanentemente helados (permafrost) y formación de escombros de hielo. Para Sudamérica son importantes estas grandes sedimentaciones de löss provenientes de esa era.

Del holoceno acercamos estas breves referencias sedimentarias recientes.

Cambios paleoambientales acaecidos en el centro sur del Brasil durante el Holoceno.
A partir de muestras de sedimentos de la región y de otras subcuencas del Paraná en territotio paranaense, Stevaux (1994) propone la hipótesis de variaciones climáticas con alternancia de períodos seco/húmedos desde fines del pleistoceno hasta el presente, estableciendo los siguientes estadios:

1) Primer período seco(>40.000-8.000 a.AP);
2) Primer período húmedo (8.000-3.500 a.AP);
3) Segundo período seco (3.500-1.500 a.AP) y
4) Segundo período húmedo, desde los 1500 años hasta el presente.

Ver pequeña glaciación en el siglo XIII por http://www.alestuariodelplata.com.ar/hielo1300.html